miércoles, 30 de enero de 2013

Pensar en las musarañas


Solución oral

Composición:
Pensar: Reflexionar, examinar con cuidado algo para formar dictamen.
En: Sobre.
Las: Forma de acusativo de la 3ª persona en femenino, plural de lo.
Musarañas: Sabandija, insecto o animal pequeño.

Contenido del envase: 
Frase hecha que significa lo mismo que tener la mente en otra cosa mientras los demás hablan o están a lo suyo; también se emplea para acusar a alguien de que no nos escucha o está alelado.

Indicaciones: 
Puede caerse en esta actitud cuando uno está cansado y como método para tomar un respiro, a veces es bueno no pensar en nada en particular. Es una buena opción para evadirse en momentos de tensión o hastío de una conversación. Además puede ser útil a los artistas para allanar el camino a sus musas.

Contraindicaciones: 
No debería abusarse de este método ya que puede causar un exilio vital permanente y abrir una vena impaciente en las personas más cercanas, u otra de violencia física con la finalidad de hacernos reaccionar.  

Precauciones:
Si los niños hacen uso de ello en el colegio deben estar preparados para un castigo si no responden a una pregunta de la profesora cuando están en clase. Debe emplearse en contadas ocasiones y con medida temporal; es un buen mecanismo de defensa y también de creatividad. 

En el caso de los adultos ha de tenerse cuidado cuando se realiza una acción de riesgo como cortar pan con un cuchillo porque puede llegar a provocar ceguera momentánea y luego, encontrarse uno con un tajo indeseado en una dedo.

Interacciones:
No pensar en las musarañas ante una audiencia si se va a dar un discurso, ya que se dará una mala imagen y se mofarán de uno, llegando a ser considerado tonto. Tampoco caer en esto, a la hora de tomar una importante decisión.

Posología 
La frecuencia de empleo de esta anodina actividad depende de cada persona, hay unas que son más soñadoras que otras: los muy racionales lo harán raramente, sin embargo, los muy creativos caerán continuamente en este trance; habrá que buscar el equilibrio interior de cada individuo para hacer uso de ello un par de veces al día sin sentir culpabilidad.

A los niños habrá que ponerles más límites, sino se corre el riesgo de que muden a un universo paralelo y se olviden de sus deberes y hasta de jugar con sus amigos del cole.

Poema: Viento


Me muevo como una hoja mordisqueada con la brisa.

Seré el resplandor vespertino, 
aquel que duerme en el rocío de las camelias.

No alcanzo el viento ni las estrellas,
mudé de mí a nosotros.

Y con un beso de frutos rojos viviremos en un satélite de infinitas órbitas.

lunes, 28 de enero de 2013

Poema: Oda a los corazones humanizados


 Oda a lo viejo, a lo gastado y abandonado.

Oda a la desilusión, a olvidarse de uno mismo, 
a sentirse perdido en los caminos de soles y lunas reventados.

Oda a lo amado, perdido y llorado.
Oda a la torpeza en enamoramientos,

Oda a los que contemplan como, a veces, uno se desquebraja por dentro.
Oda a añorar el deseo, a tornarse loco.
Oda a la vida, a los castillos que nos cuidan y a las torres que un día nos guiarán.

sábado, 26 de enero de 2013

El yugo electrónico


Esta la historia de un teléfono móvil adicto a su amo. Cada mañana sonaba una alarma programada para despertar a su dueño, quien se levantaba torpemente de la cama, dando tumbos por la habitación hasta asirlo con ímpetu y un poco de rabia soñolienta. Desde ese momento era manoseado sin cesar durante todo el día hasta que ese ser con dos manos inquietas iba a acostarse por la noche.

El propietario era un hombre corpulento, alto y de rasgos mediterráneos mientras que el teléfono: un objeto pequeño, de color negro intenso y con una suave pantalla del tamaño de media cuartilla que se iluminaba para captar mejor la atención del usuario; sabía que su mayor virtud era hacer compañía a quien lo comprara. 

Como si fuera un cacique dirigía los ritmos vitales de este adicto individuo y lo hipnotizaba consiguiendo evadirle e impedir que mantuviera ninguna conversación con los suyos. Sin embargo, ambos eran fugitivos de la abismal soledad, no huían de los demás sino de sí mismos.


La sensación de ser imprescindible, controlar actividades y horarios humanos saciaba sus deseos de maquina útil para la sociedad. Su poder era descomunal como el primer amor que ciega y envuelve en un mundo perfecto e inmutable provocando que el enamorado se olvide de lo que le rodea.

El hombre se apoderaba a todas horas del teléfono para entretenerse o buscar información; parecía que tenía pegamento en sus dedos, necesitaba tanto a su móvil, le llenaba tanto su espacio y tiempo vital.

Muchas veces el aparato se cansaba, estaba fatigado y solo quería ser desconectado y que lo cargara de nuevo ese ser persuadido por los programas que tenía insertados. Se deleitaba tocando su pantalla táctil y se evadía de sus angustias cotidianas. Aunque si se descargaba el objeto electrónico, era sacudido con violencia y se oían improperios sin fin, “¡Joder, me cago en la puta o mierda!”...

Insaciable el ser humano y cual yugo tecnológico que le obligara a llevarlo consigo mismo las veinticuatro horas todos los días del año, dudaba si cambiar de artilugio o seguir siéndole fiel, a pesar de que había nuevos modelos mejorados en las tiendas.

Una mañana decidió con firmeza deshacerse de él y sustituirlo:

- Ahora quien manda a quien?- , dijo en voz alta el dueño.

Finalmente, el déspota fue destronado por un nuevo artilugio tecnológico, al que no solo se podía tocar sino también hablar y mandar. De tamaño folio de DIN-A 4, con un marco de color grisáceo y una pantalla finita, al que denominaban tableta. 

- ¡Esto es el futuro, es una maravilla. Veo mejor y mas grande todo! -, gritaba el dueño fuera de sí.

Al final la vida podríamos condensarla en una frase:

 “Dominar o ser dominado, ese es el dilema“.

jueves, 24 de enero de 2013

Microrrelato: Ella

De los escalofríos a los sudores espasmódicos, me mira de lejos la mujer de la azada pero yo sigo en la cama tiritando de vida.

martes, 22 de enero de 2013

Cuando el sol amaneció en sus cuerpos


Valle del Loira de 1969, una jovencita veraneaba con sus padres en una casona de piedra blanca, llena de exuberantes enredaderas y grietas, con una piscina de agua helada y rodeada por unos frondosos viñedos de Sauvignon Blanc.

Cynthia era una afortunada lolita, destacaba por unas piernas exageradamente largas y unos cabellos rubios y enmarañados que ocultaban sus ojos de profunda mirada violácea. Además era excesiva: excesiva en pasión, en silencios, en mal humor y siempre acababa envuelta en remolinos de pensamientos egocéntricos.

Al cumplir los despreocupados diecisiete años se prometió a sí misma que no esperaría más para conocer lo que reflejaba la novela Bonjour Tristesse de su admirada Françoise Sagan. Había ido devorando sus páginas durante ese pegajoso verano desde que llegaron de la capital, París, un lugar que no le dejaba respirar ni explorar su plenitud sexual por el qué dirán.

La tarde del 21 de julio Cynthia, libre de la soga paternal, -sus padres se habían ido a una boda-, pasaba las horas tomando el sol en la piscina y deambulando por todos los rincones del jardín; sin saber que esa misma noche, Neil Armstrong alcanzaría la luna por primera vez en la historia, mientras ella realizaría otra hazaña...

Puso el tocadiscos a un volumen chirriante y estuvo probándose vestidos de su madre y bailando como una odalisca al ritmo de la canción Time of the Season de The Zombies alrededor de la piscina y por el porche cubierto de telarañas, de ramas enroscadas de parra y ropa tirada. No sólo danzaba entre racimos de uvas abandonados sino que se dejaba llevar por sus pulsiones más salvajes e iba despertando de su anestesiada vida.

Por un instante paró de dar vueltas y empezó a notar que alguien la observaba. Anochecía, el cielo se teñía de añil y ya no hacía un calor sofocante. Pablo se presentó al final de la tarde, ella bebía de la jarra de limonada con algunas hojas de menta y bastante vino blanco, se giró y le ofreció un vaso, él se ruborizó, se miraron con voracidad intentando leer sus mentes.
Pablo: 19 años aunque aparentaba menos, el hijo de los vecinos, ojos almendrados con los que sonreía y desvelaba su timidez; le agradeció la limonada, a la vez que se excusaba por haberla espiado, no pudo evitar acercarse a su casa al escuchar la música tan alta. Recién llegado también de la ciudad, había ido para la recogida de la uva, con lo que  se sacaba un dinero extra y así iba ahorrando para viajar a Indochina, su sueño ser fotógrafo.

Cynthia descalza, llevaba un vestido semitransparente de lino blanco y uno de los tirantes del vestido se posaba ingrávido por debajo de uno de sus hombros. Pablo le preguntó -¿cuál es la ilusión de tu vida, si tuvieras una lámpara de deseos, qué pedirías?- y ella empezó a relatar sus anhelos más secretos sin darse cuenta de que él no la escuchaba, se deleitaba fotografiando cada parte de su cuerpo sin importarle el monólogo, ella destilaba lujuria adormilada y quedó atrapado en su dulce red virginal.

Quería bebérsela entera como esa jarra de limonada cada vez más vacía y reluciente. El destino quiso arropar aquel encuentro carnal e inesperado. La música había dejado de sonar. Él bebió del vaso de ella, se contoneaban, se reían y ruborizaban sabiendo lo que iba a suceder en un instante, ella bebió del vaso que ahora poseía él.

Al ver por el suelo los racimos de uvas, Pablo los cogió y los posó sobre los labios de Cynthia, ella puso la boca de piñón y él la beso con dulzura y fiereza. Cynthia olía a membrillo, miel y lavanda, Pablo emanaba una fragancia  que le provocaba gozar frente a unos espesos viñedos, la noche había caído del todo.

Aprisionados en la penumbra, él empezó a buscar a tientas sus sensuales senos rosáceos, los absorbió con delicadeza, mordisqueaba aturullado todos los jugosos frutos del cuerpo de ella. Embriagado y atrapado en el cuerpo de ella, lamía su piel primero de pie y después cayeron el uno sobre el otro, en el borde de la piscina sobre sus prendas desordenadas.

Cynthia se enroscó como una rama de vid sobre el cuerpo de Pablo, sabía que no era amor pero quiso jugar con el placer. El cuarto creciente iluminaba la escena cual faro en la lejanía: sumergidos en un oleaje de éxtasis estrenado, jadeaban, exhalaban y en un traqueteo sin fin se fueron desenredando.
Exhaustos tras el encuentro tempestuoso, en el aire aún retumbaba el balanceo de caderas empapadas mientras a esa misma hora Neil Armstrong alunizaba y clavaba la bandera estadounidense en la región del Mar de la Tranquilidad de la luna.

No podía dormir, aturdida y con una sensación de un vacío desconocido, le recitó al oído: Tu es la vague, moi l´île  (Tú eres la ola, yo la isla desnuda) -aquel verso de su canción preferida "Je t'aime... moi non plus"-. Pablo la abrazó con ímpetu. Las pulsiones más primitivas, a esa edad, suelen ser abrasadoras y confundir como la marea del océano.

                                                                         - FIN -

martes, 15 de enero de 2013

Poema: Sin sentido


Luz en el cuarto de juegos abanado, música en el desierto, 
abrazos para la bailarina descalza, 
la dicha empujando la sinrazón de sus manos y entras en mi casa
 para quedarte, te doy mi espejo descascarillado.